Europa mon amour

Dasyscolia ciliata

Hoy soy una abejita roja (Dasyscolia ciliata) aportando como puedo. Roja, eh?

ME VOY A VOTAR

Esta mañana de 9 de junio de 2024, tras un despertar lento por mor de los calores que ya van entrando, le he dicho mi Paul que me iba a votar. Y va él y me pregunta: “¿Para que?». «¿Como que para qué?» Le digo yo. Y él: «¿Cuál es tu motivo para ir a votar?».

Esto me dejó pensativa un momento. En un arranque de sinceridad, respondí que iba a votar para evitar que gane la ultraderecha, el fascismo. Y es que aquello de que votar es mi deber cívico va de cajón, como también el derecho de toda persona a abstenerse, por otro lado. Y siguiendo con la velocísima reflexión, se me pasó por la mente que si alguien no quiere votar no es que falte a su deber cívico, sino que la democracia no funciona bien.

Como si leyera mi mente, mi Paul me soltó un par de verdades que, como es habitual en él, resultaron ser de un clínico asombroso, como cortes de cirujano, precisos y al sitio justo. Me dijo que precisamente, si se trata de ir a votar para pararles los pies a los fascistas, es que la democracia no funciona.

Os explico. Paul dice mucho eso de esto o lo otro no funciona (it doesn´t work!!). Cuando se rompe algo en casa, en el jardín, es que no funciona. En su idioma, lo que esto implica no es que esté roto, es que está mal diseñado, mal hecho, porque lo que está bien concebido y bien hecho no se tiene por qué romper tan fácilmente. Cada vez que algo falla, mi Paul no va a buscar el accidente, sino el defecto originario. Y la inmensa mayoria de las veces, lo encuentra. Esto es muy importante, super importante, como ilustra esta conversación nuestra de domingo de elecciones. Por supuesto, le argumenté que, si la democracia no funciona, no deseaba empeorar las cosas dejando de votar.

A veces, mi Paul y yo tenemos ligeras desavenencias cuando surgen comparaciones entre su país y el mío. Mayormente, a mí me parece absurdo comparar países con situaciones y culturas – sobre todo en lo político y social – bastante dispares, pero en lo negativo, hay por desgracia muchas similitudes, por tantas cosas que “no funcionan” tanto aquí como allí. En fin. El caso es que hoy quise retarle, y que me dijera por qué cree él que la democracia en España no funciona. Me dio un análisis afilado, en dos capas, la primera, específica al caso español: “Aquí, la ultraderecha sube por el encubrimiento de todo lo que hicieron en la guerra y en la dictadura. Todo eso que se está sacando ahora, las fosas comunes, los impedimentos a la gente que quiere saber… En este país no se ha permitido a la gente saber lo que pasó, y por tanto, los fascistas nunca se han ido, seguían y siguen aquí, y encima ganando adeptos por pura ignorancia de gente sin educación a la que resulta facilísimo venderles la moto”. Más o menos eso fue lo que dijo.

Y en su segunda capa de análisis, prosiguió, porque a mi Paul es difícil pararle cuando coge carretilla, pasó de lo específico a lo general: “La democracia no funciona sin educación ni sanidad pública. Sin estas dos cosas, no funciona”.

Ahí queda eso. Las dos raíces de la democracia, de las que todo lo demás se deriva.

Es un privilegio convivir con una mente preclara, porque a menudo te da claves para reflexionar en la buena dirección. No me hizo falta más para hacerme un mapa mental de raíces y derivadas: Con una educación que funciona, la lacra del bulo y la manipulación, en cualquier forma, sea a nivel informativo o de entretenimiento, lo tiene difícil para prosperar. Con una educación que funciona, la igualdad de oportunidades es más factible – si bien aquí entran otros factores, principalmente, la economía. Volveré sobre esto. Con una sanidad pública que asegure a todos la atención que necesitan, se cubre la principal preocupación personal, individual, a la que responde el dicho aquél de “mientras haya salud…”. No sólo. Se trata de un ámbito donde la gente puede palpar un sentido de igualdad, de que nadie va a ser tratado mejor que uno mismo, de que todos disfrutamos igual de un derecho fundamental. Si ese atisbo se evapora, se difumina, si empezamos a pensar que nuestra salud es menos importante que la de un Florentino o un ministro, la democracia no funciona.

En cuanto a la economía, es el tercer factor, a un segundo nivel de análisis descendiente, de la calidad democrática. Y contrariamente a los anteriores, se trata de un factor negativo, porque el que la economía vaya bien – tal y como se mide la performance, al menos – no significa necesariamente que la democracia goce de buena salud. Es aquí donde ciertamente entra de lleno la desigualdad. Pero en este caso se trata de una cuestión de grado. Claramente, la gran mayoría de la gente acepta que haya desigualdad. Incluso diría que se acepta un grado importante de desigualdad. El problema surge cuando se llega a extremos como los que estamos viendo…. Y la gente los sigue aceptando. Es esto último lo que constituye una gravísima merma de la democracia.

¿Y por qué, entonces, se acepta? Pues muy sencillo: por falta de educación y porque – al menos de momento, pero cada vez menos – en este país aún tenemos una sanidad pública que la gente aprecia como factor igualitario. Mientras haya salud ….

Y así es, queridos lectores, como una economía que consiente una desigualdad escandalosa, con tal de poder publicar datos macroeconómicos de crecimiento, llega a atentar contra las raíces de la democracia: haciendo de la educación y la sanidad negocio generativo de desigualdad y poniendo sus prioridades en otras áreas. En la escala descendiente de factores, bajo la economía surgen derivadas que no hacen sino agravar el problema: medios de comunicación y redes que son negocio y no asumen su función social; clase política que se ve secuestrada por intereses financieros para poder sobrevivir; administración pública con falta de medios que también tiene que desviar su atención hacia actividades electoralistas, siempre de la mano de empresarios amigos; judicatura que agoniza, por un lado, entre la falta de medios para dar servicio al ciudadano en tiempo debido – en vez de tardar años y años – y a costes aceptables, y por otro el empuje de una política plagada de corrupción que necesita su complicidad para seguir existiendo.

Gente tras la bandea europea

¿Y Europa, en todo esto? Un proyecto al que dí mi vida profesional entera y en el que creo, pero al que veo afectado de las mismas tensiones y disfunciones que las que agravian a cualquier administración. Sólo que en Europa, al menos, persiste un factor importantísimo, imprescindible, de solidaridad y de consenso, porque es la sustancia que cementa el edificio, algo sin lo cual nada en Bruselas tendría el más mínimo sentido. Bruselas es un sitio donde el nacionalismo se gestiona permitiendo su proclama, pero difuminándolo en el acto de cooperar hacia fines comunes. Cuando se dice que la UE es un proyecto que asegura un soporte necesario a las democracias nacionales, no es broma. Para mí, una aportación capital en ese sentido es el enfoque a largo plazo – o al menos medio – de las políticas comunes, que tanto hace por minimizar los perjuicios del cortoplacismo electoralista que tanto nos perjudica a nivel nacional, regional y local. Ahí es donde temo más a la ultraderecha europea, pero creo que ni ellos podrán atentar contra este enfoque tan fundamental. Por si acaso, mi voto hoy va por ahí, al menos a igual nivel que el de parar los pies a una internacional fascista de ideología absolutamente tóxica e inhumana que vive de la ignorancia y de la desinformación.

Habría muchas más derivadas de este mapa mental con las que podría aburrir al santo Job, pero lo dejo ahí. Mi Paul dice, cuando le pregunto qué haría él: “¿yo? Pues si me cruzo con un facha haciendo proclamas, lo que hago es partirle la cara.” No se lo crean. No lo hará. Le conozco demasiado bien. Lo que mi Paul significa con tales expresiones es que, al fin y a la postre, será la gente quien arregle esto, o no lo será.

Y precisamente por eso, me voy a votar. Con todo y con todo. Me voy a votar.

Feliz día a todos. Votéis o no. Os quiero.

2 comentarios en “Europa mon amour”

  1. Precioso título, lo primero. Después, OK con el análisis de España de Paul y sobre todo con el análisis de Europa de Fuen. Enhorabuena, hermanita y cuñadito!!!!

  2. Hice un comentario que al parecer se ha perdido…..
    Ahora, lo primero totalmente de acuerdo con Jóse. Y añadiría que muy bien escrito.
    Y lo que dije antes, y se perdió:
    “menos mal que al final fuiste a votar, estuve con la duda sobre cual sería tu decisión final por algunos atinados argumentos de tu Paul”

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